26 de septiembre de 2021

Juzgado por abusar de su hija negó la acusación

La joven tiene un retraso madurativo. Según la denuncia de la madre de la víctima, fue atacada tres veces.

La Cámara Penal 1 de San Luis comenzó a juzgar ayer a A.M.G., de 52 años, acusado de abusar de su hija en 2014, cuando ella tenía 16 años. Tras hacer la lectura de la requisitoria fiscal —en la que la fiscal de instrucción solicitó que sea condenado a 8 años de prisión por “Abuso sexual simple doblemente agravado por el vínculo y por la relación de convivencia”—, el sospechoso declaró.

El imputado llegó libre al juicio oral. Expuso en su relato, que se extendió durante casi una hora, que la separación de A.E.G., la madre de su hija, fue conflictiva y que ella lo descalificaba constantemente. Dijo que de común acuerdo decidieron que los hijos en común fueran los martes, viernes y sábados a la casa de sus padres, donde él residía. Según él, gran parte del tiempo él no estaba en el domicilio debido a su trabajo y que aseveró que cuando sí estaba descansaba.

Según denunció la expareja del juzgado, la hija le contó que su padre abusó de ella en tres oportunidades. Una vez la llamó a una de las habitaciones del domicilio de sus abuelos y cuando ingresó, él estaba tocándose los genitales mientras miraba pornografía y la obligó a que ella lo tocara y que también mirara las imágenes. Mencionó que nadie se percató de esa situación. Su hermano jugaba a los videojuegos en la computadora en el living, con los auriculares puestos.

Ayer dieron testimonio la madre y la hermana de la víctima y la mamá del imputado.

Declaró que en otra oportunidad, cuando iba en el auto con su papá a un lavadero, él frenó en un campo y comenzó a manosearla por debajo de la ropa y de sus prendas íntimas y le introdujo los dedos en la vagina. El último abuso también sucedió en el domicilio de los abuelos paternos. Señaló que en esa oportunidad no había nadie en la casa. Esa vez su padre también la llamó a la habitación y cuando entró la tomó fuertemente de los brazos y la tiró sobre la cama, la comenzó a manosear y ella le pidió que la soltara. Recordó que cuando la soltó, corrió asustada y angustiada al patio trasero. A los pocos minutos llegaron sus abuelos, pero ella no les contó nada de lo ocurrido.

Durante su declaración de ayer, el imputado describió a su hija como una chica “especial” y que requería mucho más afecto que sus hermanos. Refirió que su hija era “alterada sexualmente”, que tenía “debilidad por ver desnudos en la computadora y en el celular” y que debieron poner un cerrojo del lado de adentro de la puerta del baño, por temor a que ella entrara cuando él, el hermano o el abuelo de ella se bañaban. Según él, en una oportunidad su madre le contó que la adolescente había ingresado al baño con una computadora y que descubrió que le enviaba fotos de ella desnuda a un chico.

“Tengo fe ciega en la Justicia para poder aclarar todo”, expresó el imputado. Aseguró que los abusos no existieron, que es imposible que se hayan podido dar.

Antes de que el hombre declarara, la fiscal de Cámara 1, Virginia Palacios, solicitó la palabra y le pidió al tribunal que ampliara la imputación a “Abuso sexual gravemente ultrajante agravado por el vínculo y por la convivencia en concurso real con corrupción de menores”. Ante ello, la Cámara respondió que lo tendría en cuenta, dado que planteos como ese se pueden generar a lo largo de todo el debate.

Luego declaró A.E.G., mamá de la víctima. La mujer, que es psicóloga, no pudo contenerse e hizo su declaración sumida en llanto, angustiada. “Fue muy difícil enterarme que un padre le hace ese tipo de cosas a su hija”, refirió.

Dijo que el día que la chica le contó sobre los abusos se había levantado llorando porque había tenido una pesadilla. Se sentaron en la mesa y le contó sobre los ultrajes a los que la había sometido su padre. Dijo que luego lo llamó a él y los tres fueron a un consultorio ubicado en la parte delantera de su casa. Señaló que el hombre negó todo y que luego le dijo a la adolescente que todo eso ya había pasado y que debía olvidarlo. La chica le preguntó “¿y lo del campo?”, se angustió y él se fue.

La mujer explicó que su hija tiene un pequeño retraso madurativo con dificultades cognitivas. Al momento del hecho, tenía 16 años pero la mentalidad de una niña de 11. Describió que era infantil, inmadura y muy tímida. Al tiempo, le contó que el día anterior a hablarle de los abusos, su padre le había regalado una bombacha y le había pedido que se la pusiera. También le dijo que en una oportunidad la invitó a ir a un hotel alojamiento y que en otra le preguntó si podía entrar al baño cuando ella estuviera bañándose. “Después de todo eso le cuesta mucho más socializar y salir; todo es más difícil”, aseguró.

En la audiencia de ayer también declararon la hermana mayor de la víctima y la madre del imputado. La joven es la primera persona a quien la adolescente le confió lo que había padecido. Dijo que su hermana le contó todo muy por encima y sin darle detalles, por lo que al principio no le creyó. Pero luego sí, cuando vio que con el correr de los días se aislaba, lloraba de la nada y se mostraba con miedo. Durante todo su testimonio la chica se refirió a su padre por su nombre de pila. Cuando le consultaron por qué le dice así, dijo que era porque le cuesta aceptar como padre “a alguien que fue capaz de dañar a la persona más vulnerable de la familia”.

EDR
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